El mundo según Google

El principal producto de Google, empresa creada por Larry Page y Sergey Brin, es su motor de búsqueda. Esta empresa se dedica a organizar la información que hay en Internet para ofrecérnosla inmediatamente. El proceso que sigue esta organización responde a una serie de algoritmos que pertenecen al secreto profesional de quienes la forman. Desde Google se afirma que el planteamiento es claramente neutral puesto que sólo se aplican algoritmos y en ningún momento interviene la ideología. Sin embargo, varias posturas discrepan de esta afirmación porque la información está organizada por unos criterios de jerarquización en base a la utilidad. Es cierto que detrás de un algoritmo se toman muchas decisiones que no tienen que ver tanto con las matemáticas como con la ética. Estamos cansados de escuchar que vivimos en la “Sociedad de la Información”, pero ¿sabemos realmente lo que esto significa? ¿Sabemos cuáles son sus repercusiones y si perturban éstas nuestra vida cotidiana?

El nuevo escenario para la información que tenemos ante nosotros afecta a los productos periodísticos y a la producción informativa. La convergencia de las nuevas tecnologías de la información ha provocado una regeneración de los valores periodísticos y de las formas de hacer periodismo. El papel de Google en toda esta conversión se encuentra vinculado a las fuentes de información. A pesar de que desde la empresa se asegura que su único objetivo es mostrar la información, Google se ha convertido en el referente informativo de una cantidad ingente de población. Ante esto quedan abiertas dos cuestiones: si el 99% de españoles utilizan Google, ¿se está convirtiendo esta empresa en un medio de comunicación? ¿Qué diferencia hay entre “mostrar información” e informar?

En mi opinión, la principal diferencia que separa a Google de los medios tradicionales es que a la hora de ofrecer información es fundamental que ésta venga avalada por los criterios del periodista como experto en seleccionar y valorar los contenidos. Continuamente desde esta empresa se alude a la responsabilidad del individuo a la hora de valorar la información una vez que se le muestra. No estoy de acuerdo en que la responsabilidad de formarse sea únicamente del individuo puesto que esto implicaría una pérdida de responsabilidad por parte del Estado como garante de la educación básica del ciudadano. Si no se nos proporciona una base cultural suficientemente amplia y sólida es imposible que podamos generar una actitud crítica con la que poder valorar la información que se nos muestra. Lo mismo que para entender a un filósofo es necesario leer su obra, no sólo los comentarios hechos a posteriori, es intolerable que en la primera entrada que Google nos ofrece al introducir la palabra “holocausto” se cuestione su existencia.

Creo firmemente en que el conocimiento no debe vincularse a aquello que genere riqueza y eso es lo que Google está haciendo y tiene pensado hacer con iniciativas como la de ofrecer el contenido de millones de libros por la red. Actualmente, el conocimiento está disperso dentro de una red que no posee un centro claro. A mi entender, es esta debilidad la que la economía y los sectores vinculados a la economía aprovechan para hacerse con el control del conocimiento y vender a su vez valores morales. Desde Google se habla de competencia perfecta, de la importancia de la ética, de la pérdida de privacidad para mejorar la calidad del servicio y de que la información libera a la gente. En mi opinión, utilizar la moral para imponer un comportamiento humano es un hecho que distancia visiblemente a Google de esa ética que dicen no querer sacrificar.

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