La ventana indiscreta

En “La ventana indiscreta” (1954) Hitchcock logra conectar tres historias en una sola: las relaciones hombre-mujer, la intriga policíaca y por último, a modo de tableau vivant, nos muestra la sociedad americana de la época. En esta película el director deja patente su virtuosismo a la hora de presentar y conectar los elementos de la puesta en escena. Esta habilidad, basada en un juego de planos, ángulos y movimientos, se puede observar a lo largo de toda la película. Aunque el diálogo tiene un papel decisivo, sobre todo en los momentos con más tensión, éste se encuentra en un segundo plano. Esto se debe a que Hitchcock construye “La ventana indiscreta” de una forma manifiestamente visual. El dominio asombroso de la técnica de Hitchcock se puede observar a lo largo de toda la película, en concreto, en este texto se va a analizar cómo nos presenta a los personajes principales de este film sirviéndose de la puesta en escena. “La ventana indiscreta” gira en torno a dos personajes: Jeff y Lisa, protagonistas de la trama principal. No obstante, en la película se desarrollan varias historias en cada uno de los apartamentos, las cuales tienen sus propios protagonistas.
El caso de Jeff quizás sea el más representativo de la experiencia que durante años atrás Hitchcock ha ido adquiriendo a la hora de hablar con imágenes. En la primera secuencia de la película la cámara está dentro del apartamento de Jeff y con un simple zoom de entrada a través de la ventana conecta los dos espacios principales. El plano secuencia que Hitchcock realiza a continuación va a efectuar la misma trayectoria en varios momentos: comienza ascendiendo por la derecha, realiza una panorámica horizontal hacia a la izquierda, desciende y por último, entra nuevamente al apartamento de Jeff. Con el recorrido que traza en el plano secuencia, Hitchcock otorga unidad a la variedad de micro espacios presentes en la película. Hasta este momento nos ha descubierto el despertar adormecido del patio de vecinos. Una vez dentro, vemos un primerísimo primer plano de Jeff sudando y a continuación un plano detalle de un termómetro que marca 94º F (cerca de 37º). Seguidamente, la cámara realiza una pequeña panorámica horizontal a la derecha para mostrarnos el único apartamento que hasta este momento no habíamos visto, el del pianista. Aquí corta y nos lleva nuevamente al patio de vecinos para mostrar cómo el despertar continúa. Una vez más estamos ante un plano secuencia, el más largo de la película (con una duración de un minuto y veinte segundos) y el más importante, ya que en éste Hitchcock presenta oficialmente a Jeff. Para ello comienza con un primer plano de él seguido de un plano detalle de su pierna escayolada, abre el plano y vemos a Jeff en la silla de ruedas. Después hace un barrido y se detiene en la cámara fotográfica de Jeff destrozada, pasa a mostrar diferentes fotografías que están colgadas en la pared y acaba el recorrido en un montón de revistas apiladas. Sin más, Hitchcock funde a negro con la certeza de que los espectadores ya conocen quién es el personaje protagonista y por qué está en una silla de ruedas. Cabe destacar que para lograr que sean las imágenes las que hablen solas, Hitchcock se apoya en una fórmula no muy convencional: muestra primero los efectos y posteriormente las causas. La utilización de esta fórmula está más vinculada con la puesta en escena, porque si analizamos la estructura narrativa de la película, ésta sigue la fórmula inversa: el accidente final de Jeff se presenta como un efecto con una principal causa, su voyeurismo. Esta presentación sin explicaciones, que encaja perfectamente en el modus operandi de Hitchcock, es vital para el desarrollo de la trama. Desde el primer momento, el director busca la identificación de los espectadores con el personaje de Jeff. Si en sus anteriores películas esto era trascendental, en ésta lo va a ser aún más porque en este caso se trata de un voyeur que dedica casi la totalidad de su tiempo a adentrarse en las vidas de sus vecinos. La película, exceptuando algunos momentos puntuales, es filtrada a través de los ojos de Jeff. Este hecho implica un desafío porque se trata de un único decorado, en el que se desarrollan varias historias en espacios cerrados, visto por los mismos ojos. Sin embargo, Hitchcock no sólo resuelve el reto, sino que aprovecha la circunstancia para aportarle más fuerza a la película. La utilización de planos subjetivos es el recurso más utilizado por el director para acercarnos a la visión del personaje. Aunque principalmente lo utiliza con este cometido, también lo emplea para jugar con el doble sentido, es decir, con la contradicción de las imágenes frente al diálogo. El ejemplo más evidente de esto último se produce en la secuencia en la que Doyle y Lisa se conocen, en esta ocasión la focalización torna al teniente y, de esta forma, se refuerza el subtexto: la presencia de Lisa inevitablemente desvía la atención de Doyle.
La presentación de Lisa también es significativa para la comprensión del personaje. En este caso estamos ante una de las escenas más bonitas de la película y de la filmografía del director. Una vez más, la secuencia comienza con una panorámica del patio, esta vez de noche, para acabar con un primer plano de Jeff dormido junto a la ventana. Inmediatamente después se dibuja en su rostro una sombra, pasamos a un primer plano de Lisa que se acerca a la cámara, el primer plano de Jeff en penumbra por la sombra y un primer plano de Lisa, espléndida con los labios rojos, que acaba siendo un primerísimo primer plano para mostrar su aproximación. A continuación, Hitchcock realiza un transgresor salto de eje cuando muestra un primer plano lateral de Jeff y Lisa besándose, tomado del lado inverso al que se narraba la acción. De esta forma, Hitchcock demuestra que el salto de eje no necesariamente tiene que ser un error, sino que puede convertirse en un recurso estilístico más. En este caso, la desorientación que deriva del salto queda en un segundo lugar porque con él, Hitchcock ubica al espectador en una posición privilegiada. Desde este lugar el espectador asiste a una conversación íntima que se desarrolla entre besos y que está cargada de erotismo. Jeff termina la conversación con una pregunta “¿Tú quién eres?”, la misma que lleva formulándose el espectador desde que vio a Lisa acercarse a Jeff para besarle. Aprovechando el interés que Lisa ha suscitado con su enigmática aparición en escena, Hitchcock se dispone a presentarla. La presentación de Lisa se lleva a cabo “desde el principio”, como bien dice la protagonista, y se hace a través de una lectura horizontal de izquierda a derecha, tal y como acostumbramos a leer. Lisa se retira para presentarse y lo hace de una forma muy original: encendiendo lamparitas cada vez que pronuncia su nombre. Hitchcock realiza a su vez una lectura vertical de Lisa comenzando con un plano medio cuando enciende la primera lámpara, un plano americano en la segunda y por último un plano general. Con la sutileza que le caracteriza, Hitchcock logra por un lado presentar a Lisa, mostrar su glamour y por último, iluminar la escena. Tras esta presentación el espectador tiene la sensación de que esta relación debe superar un obstáculo fundamental y es que ambos proceden de mundos completamente distintos. A los quince minutos de la película sabemos que estamos ante dos personajes protagonistas que tienen dos miradas de ver el mundo completamente antagónicas. Una vez más, el diálogo no hará más que reforzar lo que ya se ha mostrado con una combinación de imágenes.
Otro de los aspectos decisivos a la hora de construir la narración de “La ventana indiscreta” es la utilización que Hitchcock hace de elementos propios de los personajes. En el caso de Lisa, su intuición femenina será decisiva a la hora de esclarecer el asesinato de la señora Thorwald, pero el caso de Jeff es más representativo. C este último, el director utiliza mecanismos vinculados a la fotografía como el teleobjetivo y el flash. El teleobjetivo permite a Hitchcock acercar al espectador al apartamento de Thorwald y el flash es el único arma, física y moral, que tiene Jeff para defenderse de su vecino cuando éste le descubre y va a por él.
Por último, cabe destacar cómo Hitchcock dota a “La ventana indiscreta” de una estructura circular. La última secuencia comienza con un plano detalle del termómetro, pasa a un plano general de la habitación del pianista, sigue hasta el apartamento de Thordwall, sube al apartamento de la pareja soltera, de ahí baja al de la bailarina y pasando por el apartamento de los recién casados vuelve a entrar en el de Jeff. Ya dentro, nos muestra un plano medio de Jeff dormido, un plano detalle de sus dos piernas rotas y finalmente nos muestra de abajo a arriba a Lisa leyendo tumbada en la camilla. Con este plano secuencia, tan similar al que daba comienzo a la película, Hitchcock proporciona muchísima información del devenir de las historias. Sabemos que la temperatura ha bajado, que el pianista y la mujer solitaria han comenzado una relación, que el apartamento de Thordwall está en venta, que la pareja sin hijos tiene nuevo perro, que el novio de la bailarina ha vuelto del ejército, que el matrimonio de recién casados no funciona y, por último, que la relación de Jeff y Lisa sigue adelante. En este último caso, el público es testigo de la evolución que ha sufrido el personaje de Lisa, quien en este caso ya no luce sus majestuosos vestidos, sino que viste vaqueros, zapatos planos y no lleva ni una sola joya. No obstante, también será cómplice de Lisa, quien a pesar de haber cambiado para adaptarse a Jeff sigue prefiriendo leer una revista antes que un libro de viajes.

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