amor de madre

Es amor de madre,  sin duda. Ayer me sorprendí a mí misma diciendo en voz alta aquello de qué pena que se haga mayor, con lo mona que es así pequeñita. Es como si la edad del braintraining me hubiera subido 20 años de repente (lo cual, dicho sea de paso, supondría una catástrofe poque alcanzaría los 70 y pico). Pero es que aunque ahora sufra periodos espasmódicos que tienen su reflejo en mis manos arañadas, cuando viene a mí a mamarme la camiseta creyendo que soy su madre de verdad (como dirían en el Diario de Patricia) se me olvida todo. Incluso la vergüenza que pasé  hoy en el kiosko cuando tuve que comprar El Mundo y un señor me dio una palmadita en la espalda y me dijo chica valiente, sí señor. Aún ahora no sé muy bien que quiere decir eso en el contexto en el que se pronunció, pero me sonó a setentañero que se ve reconfortado viendo a veinteañera comprando su periódico preferido. En el momento iba a explicarle que lo compraba para el cuponcito de la promoción del móvil, pero rápidamente deseché la opción. Lo de hacerte el coleccionable de un periódico para conseguir un móvil daría para otro post.

Por lo demás, hoy estuve a punto de desgraciarme el pelo pero frente al espejo recordé las sabias palabras de mi hermana cuando el sábado me sugirió que de cortármelo lo hiciera en un momento post arrebato. Así que sigo igual, sin más cambios que una nueva iluminación Ikea en la cocina y unas ganas de ensaladilla rusa en el paladar.

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