Ha sido el año que más me he escuchado. Que más he repetido que las decisiones son las únicas que marcan el destino. El año que comenzó con la ilusión de volver al pupitre, de aprender algo totalmente diferente, de desafiarme a mí misma. En el que, fruto del cansancio, juré que no podía más, pero pude, ¡vamos que si pude! El año que instauramos el combo “pizza + series” como plan oficial de los viernes. En el que me despedí de Don Draper y eché de menos salir de fiesta con Hannah Horvat. El año en el que menos veces he visto “El desencanto” porque aún no me acostumbro a la ausencia de Panero. En el que empecé a leer Walden y postergué (una vez más) El Quijote.

El año en el que abracé por primera vez una sequoia y corroboré que Cantabria es infinita. En el que disfruté con otros ojos de las pequeñas cosas cotidianas que la distancia me priva. El año en el que asistimos a la primera boda de amigos y bailamos juntos. El año en el que cociné poco y disfruté mucho de la querencia de sus platos. De su perseverancia, optimismo, confianza y amor. En el que, bajo el sol canario, supe lo afortunada que era.

Sin duda, ha sido el año de Nora. En el que al ser hija, hermana y novia, sumé el ser tía. Que descubrí que se puede querer inmensamente a alguien que acaba de llegar a tu vida. El año en el que volví a ver a Sabina en concierto y canté en la ducha creyéndome Édith Piaf. En el que me rebané el pulgar y vi las estrellas mientras me cosían sin anestesia. El año que traté de cuidarme más, y lo que es más importante, quererme mejor. El año en el que buscamos nuestros momentos y sorteamos la rutina. Que he pronunciado más veces la frase “mi familia” porque eso es lo que somos, una familia de cuatro. El año que conocimos Lisboa y me pareció ver a Pessoa en todos sus cafés. En el que cambié de década y aprendí que el vaso no está ni medio lleno, ni medio vacío; el vaso es simplemente un vaso. Que las promesas están para no cumplirlas y que “hay episodios de nuestra vida dictados por una discreta ley que se nos escapa”.

El año que asumí que la incertidumbre me persigue y que las vidas Pinterest no se pinean, se crean. Que me emocioné modelando barro y soñé con dedicarme a pensar con las manos. El año que ha acabado con un firme propósito y una cita que me atravesó nada más leerla: “el barco está más seguro en el puerto; pero no es para eso que se construyeron los barcos”.

Bienvenido 2016, te estaba esperando.

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