Ha muerto Saramago a los 87 años de edad. Sin embargo, su avanzada edad no le resta importancia a su muerte.

saramago*

Aunque sabía que este momento llegaría, para mí hoy es un día de luto. Y lo es porque le tengo un cariño especial y porque he disfrutado mucho leyendo sus libros. Entre sus enseñanzas, gracias a Saramago, he aprendido a relacionarme con la muerte de una forma más natural. “La muerte es sencillamente no haber estado” y “la vida es un viaje, que puede ser más o menos tranquilo, o más o menos complicado”. Y esto lo aprendió de su abuela, quien no quería morirse porque la vida era muy bonita y de su abuelo, que antes de morir se abrazó a sus árboles porque sabía que no los iba a volver a ver. Cuando alguien desprende ese amor por la vida, uno aprende a vivirla de otra forma y a valorar por tanto las pequeñas cosas.

Justamente, hace unas semanas estuve en Lanzarote. Siempre tuve curiosidad por conocer la isla y ese arraigo tan fuerte que el escritor tenía con esta tierra me llamaba mucho la atención.  Rápidamente entendí esa devoción.

Se ha ido un gran novelista, un magnífico crítico y una humilde persona. Pero nos quedan sus libros y un sabio consejo que yo pienso aplicarme siempre: “Déjate llevar por el niño que fuiste”.

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