Desembarazarse del imperativo económico y de las circunstancias de un cometido concreto podría suponer para el amateur la oportunidad de dar rienda suelta a su afán de buscar imágenes propias. Pero sucede todo lo contrario: nos topamos con las convenciones más estrechas del trabajo fotográfico precisamente donde serían menos necesarias. Tanto en la elección de sus temas como en el modo en que sitúa sus motivos en la imagen, el fotógrafo amateur se somete a una limitación voluntaria […] Así surge la monótona sucesión de las innumerables fotos de familia, por ejemplo, que no dejan traslucir nada de los destinos de las personas y menos de la relación del fotógrafo con ellas a través de la fachada de la amabilidad fotografiada.

Lo “interesante” es el criterio capital que determina que se fotografíe mucho, y a partir del cual se enjuician las fotos. Así por ejemplo hemos tenido que aprender que la estrella de cine es más interesante que la secretaria, y que la vida del director interesa más que la del empleado. ¿Dónde puede reencontrarse la masa de los fotógrafos amateur en esta jerarquía? Y así la propia vida es o bien eliminada del trabajo fotográfico, como en la mayoría de los fotógrafos amateur ambiciosos, que se orientan de acuerdo con métodos de trabajo profesionales, o, como ocurre en la fotografía de instantáneas, se destacan del entorno vital únicamente los instantes bellos”

Extracto de los textos de Dieter Hacker en Volksfoto nº6, 1980 |

Exposición “Aún no. Sobre la reinvención del documental y la crítica de la modernidad” MNCARS.

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