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Una alegre hamburguesería en Le Marais

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Aún no me he sentado a escribir en serio los propósitos para este 2016 (algo me dice que se parecerán bastante a los del año pasado), pero sin duda entre ellos estará el dedicarle más tiempo a este blog. Así que aún con la resaca de estas fiestas y el subidón por la llegada de los Magos de Oriente, comienzo esta nueva etapa con una entrada sobre interiorismo.

 

Cuando descubrí en Design Boom esta hamburguesería situada en uno de los barrios con más encanto de París, Le Marais, me encantó. La última incorporación de la cadena PNY combina colores pastel, muebles de estilo nórdico, madera, grandes ventanales y vegetación tropical, ¿quién puede resistirse a entrar a un lugar así?

 

Me parece una apuesta haber escogido una paleta cromática que une el rosa y turquesa y haber sabido dotar el espacio de ese toque tan juguetón, que junto con las construcciones tubulares y la malla de las escaleras hace que tenga una identidad muy marcada. 

 





 Fotografías: Design Boom

 

¿Qué os parece este local? A mí no me importaría dar por finalizadas las comilonas de Navidad con una hamburguesa en el barrio de Le Marais. Si este 2016 se porta bien y me lleva de vuelta a París, prometo fotografías in situ 🙂

 

2015, un año especial

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espumamar

Ha sido el año que más me he escuchado. Que más he repetido que las decisiones son las únicas que marcan el destino. El año que comenzó con la ilusión de volver al pupitre, de aprender algo totalmente diferente, de desafiarme a mí misma. En el que, fruto del cansancio, juré que no podía más, pero pude, vamos que si pude. El año que instauramos el combo “pizza + series” como plan oficial de los viernes. En el que me despedí de Don Draper y eché de menos salir de fiesta con Hannah Horvat. El año en el que menos veces he visto “El desencanto” porque aún no me acostumbro a la ausencia de Panero. En el que empecé a leer Walden y postergué (una vez más) El Quijote.

 

El año en el que abracé por primera vez una sequoia y corroboré que Cantabria es infinita. En el que disfruté con otros ojos de las pequeñas cosas cotidianas que la distancia me priva. El año en el que asistimos a la primera boda de amigos y bailamos juntos. El año en el que cociné poco y disfruté mucho de la querencia de sus platos. De su perseverancia, optimismo, confianza y amor. En el que, bajo el sol canario, supe lo afortunada que era.

 

Sin duda, ha sido el año de Nora. En el que al ser hija, hermana y novia, sumé el ser tía. Que descubrí que se puede querer inmensamente a alguien que acaba de llegar a tu vida. El año en el que volví a ver a Sabina en concierto y canté en la ducha creyéndome Édith Piaf. En el que me rebané el pulgar y vi las estrellas mientras me cosían sin anestesia. El año que traté de cuidarme más, y lo que es más importante, quererme mejor. El año en el que buscamos nuestros momentos y sorteamos la rutina. Que he pronunciado más veces la frase “mi familia” porque eso es lo que somos, una familia de cuatro. El año que conocimos Lisboa y me pareció ver a Pessoa en todos sus cafés. En el que cambié de década y aprendí que el vaso no está ni medio lleno, ni medio vacío; el vaso es simplemente un vaso. Que las promesas están para no cumplirlas y que “hay episodios de nuestra vida dictados por una discreta ley que se nos escapa”.

 

El año que asumí que la incertidumbre me persigue y que las vidas Pinterest no se pinean, se crean. Que me emocioné modelando barro y soñé con dedicarme a pensar con las manos. El año que ha acabado con un firme propósito y una cita que me atravesó nada más leerla: “el barco está más seguro en el puerto; pero no es para eso que se construyeron los barcos”.

 

Bienvenido 2016, te estaba esperando.

 

Fuente fotografía: Quentin Lagache

Slow Revolution by Federica & co

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Descubrí Federica & co demasiado tarde, cuando una mañana de marzo mi cuenta de Instagram se llenó de imágenes que lamentaban que su tienda, sita en el Barrio Salamanca, hubiese sufrido un incendio atroz que la redujo a cenizas. Hasta entonces puede que hubiera visto alguna imagen en Pinterest de este pequeño oasis, pero no había recaído en ello. 

Después seguí desde la distancia su re-inauguración y en mi lista de cosas por ver siempre estuvo presente. Pero los que vivimos en Madrid sabemos que aquello que no te pilla a mano en el día a día al final acaba pareciendo demasiado lejano como para organizar una excursión urbana. Lo cierto es que en este caso la distancia no era muy grande, pero por hache o por be, siempre se me pasaban los fines de semana y no llegaba el momento.
 
Al igual que la mañana de marzo, un día de este verano, descubrí que Federica & co dejaba el patio señorial de Hermosilla para siempre. Ya no había excusas para darme un paseo largo o cogerme el autobús. Y no sólo eso, Federica anunciaba que se mudaba a Cantabria. Mi tierra, el lugar en el que yo había decidido pasar el verano para tratar de averiguar cuáles serían los pasos que daría en lo que restaba de año; aquellos que me acercarían un poco más a dónde me gustaría estar. Ese día compartí con un par de personas esa publicación y pensé en ello mientras me regalaba un paseo largo por la playa de Somo, una de mis preferidas.
 
¿Y por qué Cantabria?, me repetía. ¿Y por qué no? Tendemos a no valorar aquello que conocemos, a pensar que las oportunidades sólo aparecen en entornos urbanos. Pero es cierto que si lo que quieres es encontrar la calma y buscas emprender tu particular slow revolution, alejarse del mundanal ruido es necesario. En los últimos meses me he dado cuenta de que la verdadera revolución consiste en tomar decisiones y admiro profundamente a la gente que decide tomar riesgos. Siento que muy pronto seré una de esas personas.
 
 
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Si queréis impregnaros de este espíritu, os recomiendo que en vuestra lista de planes suméis visitar la pop up store que Federica ha montado (Nuñez de Balboa, 24) junto con otros artesanos para celebrar la Navidad. Yo no pude resistirme a pasarme esta mañana, recién abrían y me ha encantado empezar el domingo así. Espero que la próxima visita sea en la tierruca 😉
 
 
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