La libertad es una librería

Celebrando el Día del Libro, he decidido retomar este espacio con un Booktag que el Instituto Cervantes ha propuesto para todo aquel que quiera sumarse. En él proponen recomendar una decena de libros para diez momentos diferentes del día. La principal premisa es que sean libros escritos en español y que, de una forma u otra, te hayan marcado. ¡Aquí va mi recopilación!

 

1.Libro de las 7.00 h. : Libro madrugador (Un libro de literatura contemporánea)

Bartbely y compañía de Enrique Vila-Matas: Este autor es uno de mis escritores favoritos y este libro se encuentra dentro del ranking de mis libros favoritos. Es un texto meta-literario en el que se habla de todos aquellos autores que dejaron de escribir e indaga los motivos que les llevaron a tomar esa determinación. El nombre lo toma de Bartleby, un personaje de un relato de Herman Melville al que siempre que le encargaban un trabajo respondía: I’d prefer not to (“preferíría no hacerlo”). 

 

2.Libro de las 9.00 h. : Un telelibro (Un libro que hayas leído en digital o audiolibro)

La suma de los días, de Isabel Allende. De Isabel Allende he leído varios libros, pero siempre de forma intermitente. Tengo momentos de mi vida ligados a la lectura de alguno de ellos (como cuando leí “Paula” siendo muy pequeña o “La casa de los espíritus”, recién aterrizada en Madrid). En este libro, Allende le cuenta a su hija Paula todo lo que ha ocurrido en su familia desde que ella falleció. Es un libro que muestra a una mujer muy valiente, con una vida trepidante. Me gustó especialmente la honestidad con la que comparte con los lectores parcelas de su intimidad, dándole siempre un toque de complicidad y humor. 

 

3. Libro de las 11.30 h. : Libro del café de media mañana (Un libro breve)

Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. ¡Qué delicia de libro! Es, sin duda, una de las novelas más emotivas y bonitas que he leído nunca. En él, el protagonista le cuenta a su hija, que ha estado en la cárcel por motivos políticos, cómo ha sido la muerte de su madre. Es un libro que emana amor y admiración en cada página; un relato que mantiene muchas paralelismos con la propia vida de Delibes, quien perdió a su mujer siendo esta muy joven. 

 

4. Libro de las 12.00 h. : Libro de vuelta al trabajo (Un libro de no ficción)

Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie. Es un libro breve con un discurso muy claro y directo, en el que la autora expresa de qué forma el feminismo nos puede ayudar a construir un mundo más justo y mejor. 

 

5. Libro de las 16.00 h. : Libro para después de comer (Un libro para relajarse)

Nada, de Carmen Laforet. No podía dejar atrás a la que, en mi opinión, es una de las mejores escritoras de nuestro país. En el libro se narra la atmósfera asfixiante que rodea la llegada de Andrea, una joven estudiante, a Barcelona, donde se traslada para estudiar y comenzar una nueva vida. Allí vive con una parte de su familia y trata de doblegarse al hambre, miseria e indiferencia con la que es tratada. 

 

6. Libro de las 18.00 h. : Libro para salir de la rutina (Un libro que te haya enganchado)

La tempestad, de Juan Manuel de Prada. Es el primer libro que me ha venido a la cabeza, aunque hace muchísimos años que lo leí. He de reconocer que este libro vino a mis manos por casualidad, pero me sorprendió muy gratamente. En él se cuenta la historia de Alejandro, un profesor de arte que llega a Venecia en invierno en medio de una ola frío e inundaciones que asolan la ciudad. Allí es testigo de un asesinato, el cual le lleva a conocer a personajes tenebrosos y a apartarse de su principal objetivo: terminar su tesis, gracias al estudio del cuadro “La tempestad” del artista Giorgione.

 

7. Libro de las 20.00 h. : Un libro para aplaudir (Un gran clásico de la literatura en español)

Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán. Publicada en 1886, narra la historia del Marqués de Ulloa, quien se ve obligado a contraer matrimonio con Nucha, una chica de ciudad que no se adapta a la vida rural de los pazos. A todo esto hay que sumarle la llegada a esta localidad del sacerdote Julián y las aventuras de Sabel, la bella criada que tiene un hijo del marqués y es totalmente opuesta a Nucha. 

 

8. Libro de las 21.00 h. : Libro para irse a dormir (Un libro de literatura infantil)

Manolito gafotas de Elvira Lindo. Como madre de un hijo pequeño al que le encanta leer (más bien que le lean) leo y consumo mucha literatura infantil. No obstante, en este apartado quería reseñar uno de los libros que más disfruté en mi infancia: el clásico “Manolito gafotas”. Creo que es un libro perfecto, escrito en un lenguaje muy cercano y plagado de aventuras y humor. Es uno de los libros que guardo con más cariño. 

 

9. Libro de las 23. 00 h. : Un libro para soñar (Un libro de literatura fantástica)

Lágrimas en la lluvia de Rosa Montero. De la trilogía de Bruna Husky es el libro que más me gusta. Este está ambientado en 2109, en un momento en el que las muertes de replicantes sufren un repunte. Bruna Husky es contratada para investigar qué se esconde detrás de esta ola de locura colectiva y nos permite acompañarla en una trama en la que el amor, la traición y la moral tienen un papel relevante.  

 

10. Libro de 1 a 6.00 h. : Un libro oculto (Un libro poco conocido)

La lluvia amarilla de Julio Llamazares. No sé hasta qué punto puede considerarse un libro poco conocido, pero hasta que lo descubrí a primeros de año (gracias al canal de Magrat Ajostiernos), nunca había oído hablar de él. Se trata de un texto con una prosa magnífica, escrito como un monólogo en el que su protagonista narra la historia de Ainielle, un pueblo abandonado del pirineo del que es el último superviviente. Es un libro que expira soledad, pero también añoranza y melancolía por todos los recuerdos vividos en un lugar olvidado, en el que ya no sucede nada. 

De corazón y alma, el trenzado de cartas entre Carmen Laforet y Elena Fortún

A Carmen Laforet la descubrí entre los libros de una biblioteca el año que cumplí 18 años y comenzaba una nueva etapa en Madrid. Tenía mucho tiempo libre y una desazón que me llevó a decantarme por uno de sus libros más premiados: Nada. En una primera lectura, la novela me gustó pero no le presté demasiada atención una vez acabada. Fue años después, tras ver un documental sobre su vida y obra, cuando quedé prendada por su amor a la profesión, su mochila cargada de experiencias y su tenacidad por conciliar las dos versiones de sí misma: la escritora incansable y la madre entregada. Todo lo que rodea su trayectoria me suscita mucha curiosidad, por eso, cuando supe que existía una recopilación de la correspondencia que  mantuvo con Elena Fortún, no dudé en hacerme con ella.

Se trata de “De corazón y alma”, un libro que recoge todas las cartas que ambas escritoras se enviaron durante los años 1947 y 1952, año en el que Fortún fallece. Es un libro cortito, de apenas algo más de un centenar de páginas, en el que se expone este trenzado de cartas que demuestra la admiración y cariño que ambas sentían. En el prólogo, Cristina y Silvia, hijas de Laforet, cuentan qué supuso para ellas encontrarse con este paquete de misivas que una de las mejores amigas de su madre les entregó un día. Asimismo, rememoran los momentos felices que compartieron con ella en torno a las aventuras de Celia, personaje clave en la producción literaria de Elena Fortún. Como suele ocurrir con los recuerdos lejanos en el tiempo, olvidamos los detalles concretos, pero somos capaces de recordar con nitidez las sensaciones y los lugares interiores a los que nuestra memoria nos lleva.

“De corazón y alma” habla de amistad, literatura, cariño, maternidad, enfermedad, admiración, mujeres. A través de esta relación de cartas descubrimos a dos mujeres que, aún con una diferencia de edad notable, sienten que han nacido para encontrarse. Laforet incide en este hecho en varias de sus misivas recalcando lo importante que ha sido Fortún en su vida: “En cierta manera, yo, querida, me siento hija tuya. He pasado muchos años de mi vida hablándote”. Elena recibe esa admiración en un momento de su vida en el que la enfermedad la mantiene alejada de todo. Ella que fue una pionera en su generación y, sin pretenderlo, acabó convirtiéndose en mentora de muchas escritoras, se ve inmersa en una soledad que no le corresponde.

La enfermedad atraviesa todos los textos que ambas se envían y como lectores asistimos al debilitamiento de Fortún. La última carta que envía a Carmen está fechada en enero de 1952 y en ella expone la crudeza de su padecimiento: “Me preguntas si quiero curarme…La verdad es que ya no quiero vivir más, pero tampoco sufrir de esta manera. […] A veces me parece esto un cuento”. Las siguientes misivas recogidas siempre son en la misma dirección: de Carmen Laforet a Elena Fortún y ninguna de ellas obtiene respuesta. A finales de enero finaliza esta correspondencia y será meses más tarde, en mayo, cuando la autora que dio vida a Celia fallezca en Madrid, ciudad a la que volvió gravemente enferma.

Si queréis descubrir a dos mujeres poderosas que en épocas distintas defendieron la libertad de las mujeres para ser y sentir, os recomiendo mucho la lectura. Para mí, “De corazón y alma” ha sido una acicate para seguir conociendo más aspectos de sus vidas y obras. Una excusa para recorrer el camino que ambas emprendieron de la literatura a la vida.

El cordón umbilical que nos une

Han pasado 6 meses desde mi último post y, dependiendo del día, a veces me parece que han sido un suspiro y otras una eternidad. Leo vino a este mundo la madrugada del 9 de abril, un día de espléndido sol de esos que el norte regala en primavera. Tras un parto complicado que acabó en cesárea de urgencia y un posparto bastante animado (ya dedicaré un espacio a este tema que aún sigue resultando tabú), hoy puedo decir que en estos 4 meses hemos aprendido a conocernos y querernos. Porque a un hijo se le quiere antes de nacer, pero cuando creías que el corazón no podría albergar más amor, te sorprende ensanchándose cada día. 

 

 

Aprovechando que hace unos días se celebró la Semana Mundial de la Lactancia Materna, he querido retomar este espacio virtual para dejar testimonio escrito de la que está siendo una de las experiencias más mágicas que me ha descubierto la maternidad. De la lactancia se ha escrito y se escribe mucho, cierto es que yo no quise leer nada para guiarme por mi instinto animal. Cuando me ofrecían algún libro temático pensaba en mis ancestros, en todas las mujeres de mi familia que, desde mis tatarabuelas hasta mi hermana, habían amamantado a sus crías con una fortaleza férrea. 

Y el día de poner a prueba la intuición llegó y no fue como esperaba. Tumbada en una camilla del quirófano, con las manos atadas, apenas pude ver a Leo unos segundos antes de que se lo llevaran a su padre. Casi tres horas más tardé llegó nuestro momento y era tanto el dolor físico y emocional que sentía que no le presté apenas atención a aquel instante que marcaría cómo sería esta aventura que recién iniciábamos. Tal y como había visto tantas veces en las crías de mis perros, gatos u ovejas, él se agarró a mi pecho con una determinación que es difícil de describir. En duermevela pasó el resto de las horas a mi lado, más dormido que despierto, guareciéndose de todos los estímulos que el mundo exterior traía consigo. Pasado el efecto de la morfina, las siguientes horas resultaron más duras porque apenas podía moverme y eso dejaba poco margen a poner en marcha la higiene postural que las enfermeras tanto recalcaban. 

El primer día Leo no cogió el peso que debía y se activó el protocolo de la “ayuda”. En ese momento de desconocimiento en el que estás cargada de inseguridad no te planteas cuestionar una decisión que parte de profesionales. La leche no subía a la velocidad esperada (normal cuando partes de una cesárea) y había que cumplir el ratio de pérdida de peso, así que comenzamos con un suplemento de leche artificial que en una semana fuimos capaces de quitar. Y digo fuimos porque si algo he aprendido es que no es sólo una relación de dos, sino de tres y/o muchos. En mi caso, contar con el apoyo de mi pareja ha sido fundamental para que dentro de unos días cumplamos 4 meses de feliz lactancia. Durante todo este tiempo no he sentido dolor físico, pero he tenido que sobreponerme a una preeclampsia y a un par de disgustos que me dejaron rota e, inevitablemente, supusieron una bajada drástica de la producción. Pero aún con todo, supimos saltar todos los obstáculos y regar este bonito viaje que cada día nos descubre cosas nuevas. Una de las heridas que me quedó de la cesárea fue no haber podido cortar el cordón umbilical que durante 9 meses me unió a mi hijo, pero la lactancia está siendo una prolongación de ese vínculo que espero sea para toda la vida.

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Yo no doy de mamar para oponerme a las hermanas que dan biberón, ni para ganarle ninguna batalla a la leche de fórmula, ni porque sea una moda o no esté de moda y me guste ir a la contra.

Yo doy de mamar porque la naturaleza está ahí, porque no necesito controlar nada, porque me permite reencontrarme con generaciones de mujeres dentro y fuera de mi familia, porque estoy re-naciendo y es tan hermoso.

Yo doy de mamar porque es algo vital, mágico, irrepetible, porque no ha sido un camino fácil pero ha valido la pena, porque hemos aprendido mucho juntas: yo de ti y tú de mí.

 

¿Por qué doy de mamar? | en minúsculas

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