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Hola, 2015

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Llega el nuevo año y con él los nuevos propósitos. Y digo nuevos por decir algo, porque en mi caso llevo arrastrando algunos desde los 90. Cuando hago balance siempre pienso que el siguiente año será aquel en el que me tome realmente en serio lo de hacer deporte o no adelantar acontecimientos. Pero este año algo me dice que es diferente, que será un año especial, aunque sólo sea porque cambio de década y dejo atrás los veinte. Sin más dilación, aquí dejo mi listado de proyectos anuales:

 

Hacer más deporte 

 
 

 

Es el propósito por excelencia. En enero los gimnasios se llenan de personas que queremos cumplir con el objetivo de mover más el esqueleto. A finales del año pasado empecé a tomármelo más en serio que en otras ocasiones, así que espero coger impulso estos primeros días y no perder la constancia.

 

Creatividad | DIY

 
 
 

 

Este año no me perdono sacar mi lado más creativo. Disfruto muchísimo creando con las manos, es sin duda mi mejor terapia y me ayuda a reconciliarme con el mundo. En el devenir de los días se me suele olvidar que en las 24 horas del día, si me lo propongo, puedo encontrar espacio para dibujar, tejer, mancharme las manos de carboncillo o cocinar sin el yugo del reloj. Además, este año no tengo excusa porque los primeros meses los pasaré empapándome al máximo sobre decoración. Hace unos meses que decidí escucharme y darme el capricho de dar un giro profesional estudiando algo que realmente me apeteciera. El resultado ha sido una matrícula en un máster de decoración y arquitectura de interiores que me mantendrá dulcemente ocupada.

 

Leer y escribir más

 
 

 

2014 fue el año de las series. Pasé horas y horas viviendo vidas de otros. Esto hizo que descuidara mis momentos de lectura y que mi Kindle me mirara de reojo suplicando atención. En cuanto a la escritura, es mi tarea pendiente. Este 2015 me he propuesto superar mi síndrome de Bartleby, el escribiente y este blog tiene mucho que ver en ello. Edgar Allan Poe dijo que “nuestro mundo es un mundo de palabras” y yo debo encontrar las mías.


Viajar

 

 

¿Quién no quiere llenar su año de viajes? Lo difícil es encontrar el tiempo y los recursos, lo sé, pero también hay que afianzar la actitud de regalarse momentos. Para empezar me espera París en mayo, Canarias en verano y Santander, todas las veces que pueda escaparme. Ojalá pudiera conocer el norte de Europa y otras latitudes. Prepararé una mochila con lo básico y la dejaré cerca de la puerta para cogerla siempre que se presente una ocasión.


Mimarme

 

 

Nunca está de más recordarse por escrito que debemos mimarnos más. Cuidar más la alimentación, pintarme los labios de rojo esos días que el ánimo no acompaña, reservarme más espacios para mí, regalarme algún que otro masaje, disfrutar del Máster de decoración que voy a empezar, compartir más momentos con la gente que quiero, darme un capricho al mes o pasear sin rumbo.

 

Vivir el presente

 

 

¡Qué bien suena lo de vivir el presente y qué difícil resulta no mirar al futuro! Me tatuaré mil veces que no debo adelantar acontecimientos y que en la época que nos toca vivir la incertidumbre, más que un nombre común, es un estado vital. Disfrutaré de cada momento porque, por muy cursi que suene, cada instante es único.

 

¿Y tú, qué le pides a tu yo del 2015?
 
 

 

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Adiós, 2014

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2014 se va sin hacer mucho ruido. Hasta hace unos días estaba convencida de que había sido un año de transición, de esos que no dejan huella pero que son necesarios. Sin embargo, ahora que trato de hacerle justicia empleando la memoria, descubro que no ha estado nada mal. Han sido 12 meses en los que he reído, llorado, querido y pataleado. He seguido agobiándome con cosas sin importancia y he descubierto que la incertidumbre no es un nombre común, sino un estado vital. He dejado atrás los dolores de estómago y la lactosa, obligándome a cocinar más y a conversar con mi cuerpo. Este año he sido mamá gatuna por segunda vez y eso ha traído consigo muchas alegrías, ratos de juego, siestas en el sofá y alguna que otra visita al veterinario. ¿He mencionado ya que voy a ser tía?

No he viajado tanto como quisiera, pero he curado la morriña cogiendo trenes al norte y aviones al sur de los sures. El Cantábrico, para corroborar axiomas, y el sol canario, para incrementar la vitamina D. Mi vida de freelance me ha enseñado a gestionar los tiempos, reclamar facturas, disfrutar del barrio, lucir con garbo pijamas de osos con labiales rojos, maldecir las devoluciones del IVA y a confiar mucho más en mi trabajo. Un día decidí que no era el mejor año para escuchar la radio a todas horas y Spotify me ofreció una lista para cada estado de ánimo.

Se murió Leopoldo María Panero y aún hay días que siento su ausencia. Como cuando hace años terminamos “A dos metros bajo tierra” y éste vimos el último capítulo de “Los Soprano”. Hemos devorado series y series, horas y horas dedicadas a vivir historias de otros. Aún no he visto “The Wire”, ni he leído “El Quijote”, pero por fin he disfrutado de todas las películas de “Star Wars”. Mi plan preferido ha estado acompañado de mantita y sofá, en invierno, y ventilador y cerveza bien fría, en verano. Compartir desayunos y cañas en Lavapiés me ha salvado los días en los que necesitaba vomitar mis miedos y caminar por la ciudad sin propósito me ha ayudado a comprender que, aún sin rumbo, se puede llegar a buen puerto. Calamaro nos devolvió un pedazo de nuestro verano cantábrico en forma de disco, mientras Sabina supo y quiso regalarnos su mejor concierto en Goya. Qué más da que se inunden las casas o que el Barça no gane la Champions si seguimos teniendo momentos así a los que anclarnos.

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