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2015, un año especial

por
espumamar

Ha sido el año que más me he escuchado. Que más he repetido que las decisiones son las únicas que marcan el destino. El año que comenzó con la ilusión de volver al pupitre, de aprender algo totalmente diferente, de desafiarme a mí misma. En el que, fruto del cansancio, juré que no podía más, pero pude, vamos que si pude. El año que instauramos el combo “pizza + series” como plan oficial de los viernes. En el que me despedí de Don Draper y eché de menos salir de fiesta con Hannah Horvat. El año en el que menos veces he visto “El desencanto” porque aún no me acostumbro a la ausencia de Panero. En el que empecé a leer Walden y postergué (una vez más) El Quijote.

 

El año en el que abracé por primera vez una sequoia y corroboré que Cantabria es infinita. En el que disfruté con otros ojos de las pequeñas cosas cotidianas que la distancia me priva. El año en el que asistimos a la primera boda de amigos y bailamos juntos. El año en el que cociné poco y disfruté mucho de la querencia de sus platos. De su perseverancia, optimismo, confianza y amor. En el que, bajo el sol canario, supe lo afortunada que era.

 

Sin duda, ha sido el año de Nora. En el que al ser hija, hermana y novia, sumé el ser tía. Que descubrí que se puede querer inmensamente a alguien que acaba de llegar a tu vida. El año en el que volví a ver a Sabina en concierto y canté en la ducha creyéndome Édith Piaf. En el que me rebané el pulgar y vi las estrellas mientras me cosían sin anestesia. El año que traté de cuidarme más, y lo que es más importante, quererme mejor. El año en el que buscamos nuestros momentos y sorteamos la rutina. Que he pronunciado más veces la frase “mi familia” porque eso es lo que somos, una familia de cuatro. El año que conocimos Lisboa y me pareció ver a Pessoa en todos sus cafés. En el que cambié de década y aprendí que el vaso no está ni medio lleno, ni medio vacío; el vaso es simplemente un vaso. Que las promesas están para no cumplirlas y que “hay episodios de nuestra vida dictados por una discreta ley que se nos escapa”.

 

El año que asumí que la incertidumbre me persigue y que las vidas Pinterest no se pinean, se crean. Que me emocioné modelando barro y soñé con dedicarme a pensar con las manos. El año que ha acabado con un firme propósito y una cita que me atravesó nada más leerla: “el barco está más seguro en el puerto; pero no es para eso que se construyeron los barcos”.

 

Bienvenido 2016, te estaba esperando.

 

Fuente fotografía: Quentin Lagache

Hola, 2015

por

Llega el nuevo año y con él los nuevos propósitos. Y digo nuevos por decir algo, porque en mi caso llevo arrastrando algunos desde los 90. Cuando hago balance siempre pienso que el siguiente año será aquel en el que me tome realmente en serio lo de hacer deporte o no adelantar acontecimientos. Pero este año algo me dice que es diferente, que será un año especial, aunque sólo sea porque cambio de década y dejo atrás los veinte. Sin más dilación, aquí dejo mi listado de proyectos anuales:

 

Hacer más deporte 

 
 

 

Es el propósito por excelencia. En enero los gimnasios se llenan de personas que queremos cumplir con el objetivo de mover más el esqueleto. A finales del año pasado empecé a tomármelo más en serio que en otras ocasiones, así que espero coger impulso estos primeros días y no perder la constancia.

 

Creatividad | DIY

 
 
 

 

Este año no me perdono sacar mi lado más creativo. Disfruto muchísimo creando con las manos, es sin duda mi mejor terapia y me ayuda a reconciliarme con el mundo. En el devenir de los días se me suele olvidar que en las 24 horas del día, si me lo propongo, puedo encontrar espacio para dibujar, tejer, mancharme las manos de carboncillo o cocinar sin el yugo del reloj. Además, este año no tengo excusa porque los primeros meses los pasaré empapándome al máximo sobre decoración. Hace unos meses que decidí escucharme y darme el capricho de dar un giro profesional estudiando algo que realmente me apeteciera. El resultado ha sido una matrícula en un máster de decoración y arquitectura de interiores que me mantendrá dulcemente ocupada.

 

Leer y escribir más

 
 

 

2014 fue el año de las series. Pasé horas y horas viviendo vidas de otros. Esto hizo que descuidara mis momentos de lectura y que mi Kindle me mirara de reojo suplicando atención. En cuanto a la escritura, es mi tarea pendiente. Este 2015 me he propuesto superar mi síndrome de Bartleby, el escribiente y este blog tiene mucho que ver en ello. Edgar Allan Poe dijo que “nuestro mundo es un mundo de palabras” y yo debo encontrar las mías.


Viajar

 

 

¿Quién no quiere llenar su año de viajes? Lo difícil es encontrar el tiempo y los recursos, lo sé, pero también hay que afianzar la actitud de regalarse momentos. Para empezar me espera París en mayo, Canarias en verano y Santander, todas las veces que pueda escaparme. Ojalá pudiera conocer el norte de Europa y otras latitudes. Prepararé una mochila con lo básico y la dejaré cerca de la puerta para cogerla siempre que se presente una ocasión.


Mimarme

 

 

Nunca está de más recordarse por escrito que debemos mimarnos más. Cuidar más la alimentación, pintarme los labios de rojo esos días que el ánimo no acompaña, reservarme más espacios para mí, regalarme algún que otro masaje, disfrutar del Máster de decoración que voy a empezar, compartir más momentos con la gente que quiero, darme un capricho al mes o pasear sin rumbo.

 

Vivir el presente

 

 

¡Qué bien suena lo de vivir el presente y qué difícil resulta no mirar al futuro! Me tatuaré mil veces que no debo adelantar acontecimientos y que en la época que nos toca vivir la incertidumbre, más que un nombre común, es un estado vital. Disfrutaré de cada momento porque, por muy cursi que suene, cada instante es único.

 

¿Y tú, qué le pides a tu yo del 2015?
 
 

 

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