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Espacios de trabajo que inspiran

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Tras haber trabajado los últimos meses en modo freelance y haberme incorporado hace poco al mundo-laboral-sin-pijama, estoy en pleno descubrimiento de las cosas que he aprendido en uno y otro ámbito. Hay gente que me pregunta con qué me quedo: si con la comodidad que supone trabajar en casa o las ventajas de tener unos horarios más definidos y seres humanos con los que compartir el día a día. La verdad es que ambos casos tienen sus pros y contras; lo ideal sería una versión mixta, pero eso suena a utopía.

 

Lo que sí que estoy intentando es implementar algunas pautas que me han funcionado cuando he trabajado en pijama y con el moño tan propio de las autónomas. Lo que más me cuesta es lo que tiene que ver con el espacio de trabajo. En mi caso es fundamental la concentración porque cuando trabajas hilvanando palabras tienes que estar muy pendiente de manejar bien los mensajes y el lenguaje. Si no, todo tu trabajo se va al traste y caes en una espiral de frustración destructiva (al menos a mí me pasa). Para mí es vital desglosar todo lo pendiente en tareas (soy la loca de las listas), escuchar música tranquila y que mi espacio esté ordenado.

 

Esto último parece obvio, pero he conocido personas que rinden únicamente cuando se encuentran en medio del caos. Este verano leí el libro “The Life-Changing Magic of Tidying Up: The Japanese Art of Decluttering and Organizing”, de Marie Kondo y me sentí muy identificada con ella cuando explicaba que era incapaz de estudiar para un examen si su mesa y habitación estaban desordenadas. Yo no soy la persona más ordenada del mundo pero me ocurre lo mismo que a Kondo, si siento que el espacio de trabajo está desordenado soy incapaz de producir.
Algún día, cuando no esté de paso por ciudades y pisos, me explayaré en la decoración de lo que espero que sea mi habitación de trabajo. Mientras ese día llegue, os dejo con algunos de esos lugares que me dan unas ganas locas de enchufar el portátil y desplegar la agenda.
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Blanco, gris, negro y salmón es mi paleta de colores favorita. Creo que podría tirarme las horas escribiendo en esta mesa.

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Si a un espacio tan luminoso, le sumamos la variable plantas, nos queda un rincón tan agradable como este. Me encantan ambas mesas y de qué forma tan sutil aprovecha la pared como otra herramienta de trabajo más.

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La alfombra, la galería de cuadros, la lámpara y ese adorable perro en su cama hacen que este espacio sea tan cálido que dan ganas de pasarse un domingo entero leyendo o escribiendo posts.

 

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Las borriquetas me encantan, aunque no sé cuán prácticas son. Lo que tengo claro es que en esa mesa aprendería patronaje y todo lo que me propusiera. Me gusta mucho que se encuentre despegada de la pared porque normalmente tenemos tendencia a construir los espacios siempre mirando a los tabiques.
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Y por último, esta maravilla. Mi reino por un lugar de trabajo así. La gama de colores (con ese toque vibrante del negro y el azul añil), ambas mesas, las sillas diferentes, la galería de cuadros, el hormigón pulido… ¡me lo pido para Reyes!

 

Fuente imágenes Pinterest: 1 | 2 | 3 | 4 | 5

 

Hacer de tu casa de alquiler un hogar

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Cuando vi la fotografía de la habitación de Morgan y Andrew, una pareja que vive en Atlanta, sabía que la decoración de su casa tenía ese toque boho que me gusta tanto. Paredes blancas, mucha luz, tonos tierra, pinceladas verdes provenientes de las plantas de interior, textiles étnicos, muebles con historia y fotografías cuidadosamente escogidas.

 

Siempre juego a imaginar la personalidad de las personas que viven en las casas que descubro a golpe de ratón. En este caso, imagino que se trata de una pareja creativa, con gusto estético, que disfruta teniendo su propio espacio, son amantes de la cocina, coleccionan libros de diseño y planean su retiro a un lugar tranquilo, no demasiado alejado, en el que puedan cultivar sus inquietudes intelectuales, a la vez que desarrollar ese proyecto conjunto que llevan tanto tiempo dándole vueltas.

Las declaraciones que acompañan el reportaje sobre este apartamento en Design Sponge revelan un tema que me parece muy interesante y es cómo hacer de un piso de alquiler nuestro hogar. Somos muchos los que rentamos una casa y nos encontramos en esta diatriba constante: ¿invertiré en la decoración de esta casa que no es mía? ¿merece la pena gastar nuestro dinero en un lugar de tránsito? ¿y si nos mudamos, qué hacemos con todo esto? ¿y si finalmente nos quedamos años en la misma casa, no nos merecemos hacer de ella nuestro refugio personal?

La lógica dice que si pensamos en el presente, ese que mencionaba en el último post, deberíamos dejarnos de “y si” y sentir que la casa que habitamos es nuestro hogar. Peeeero en esta vida nómada que vivimos y en un país en el que el arrendamiento aún no se cuida lo suficiente ocurre que nos sigue costando mucho romper esa barrera. Yo soy la primera que no termino de asimilar que la casa donde llevo ya casi 8 años (¡dos cuatrienios!) sea mi hogar. Lo es porque lo habito con mi familia, pero no termina de serlo porque siempre me acaba echando para atrás la sensación de “estar de paso”. ¿Le acompaña a alguien más este sentimiento?

 

Fuente de las fotografías: Design Sponge

Esencia mediterránea en un restaurante australiano

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Casi 18.000 kilómetros separan Cádiz de Melbourne, sin embargo, a veces la distancia no es tal si hay algún detalle o estímulo que hace que nuestra memoria viaje sin necesidad de pasaporte. Esto mismo pensé cuando descubrí el excelente trabajo que el estudio Larritt-Evans ha realizado al crear la arquitectura de interiores, el estilismo y la identidad de The Good Fish Co, una joven cadena de restaurantes que cuenta con dos locales en Melbourne.

 

 

“Good Fish, good taste, good health”, es el lema de estos restaurantes cuyo producto estrella es por supuesto el pescado local. La estética del lugar debía tener, por tanto, un profundo toque marinero para que nada más pisar el espacio todos los elementos acompañaran al producto.

 

 
El azul y el amarillo son los dos colores protagonistas en este diseño, dos colores contrastados que combinan muy bien y le dan un toque alegre que enriquece la estancia de los clientes en el local. En cuanto a los acabados, como se aprecia en las fotografías, se ha optado por la madera (para la mayor parte del mobiliario, estanterías y luminarias), un revestimiento cerámico para la zona de trabajo  y comida (recurrentemente utilizado por este estudio y el cual resulta muy cómodo sobre todo a la hora de limpiar), una barra de ladrillo y un suelo pulido.

 

 Fuente de las imágenes: Larritt-Evans

 

Un detalle que me gusta mucho en este trabajo de Larritt-Evans es cómo trabajan los detalles decorativos, se aprecia que ponen mucha atención al estilismo. Soy de las que creen que un buen diseño puede no destacar si no va acompañado de un estilismo depurado. En este caso la grifería descubierta y pintada de amarillo, junto con la balanza repleta de limones, seguro que son responsables de muchas fotos en Instagram.

 

La referencia inicial a la distancia que separa Cádiz, cuna del pescaíto frito en nuestro país, de Melbourne es porque viendo este diseño de interiores lo primero que se me vino a la cabeza es que bien podría estar localizado en alguna de las callecitas de la capital gaditana, ¿no creéis?
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